Día 156 - Censo de sarrios en el Pirineo Aragonés, tras los hijos de la roca

Hembra adulta de sarrio (Rupicapra pyrenaica)
Un aire frío y húmedo entra en mi pecho, a cada exhalación expulso vaho que se abraza de inmediato a la bruma que nos rodea. A mil metros y con nuestros pies hundidos en la nieve comenzamos a avanzar cuando la oscuridad todavía es dueña de la montaña. Ascendemos durante horas y después ascendemos un poco más dejando atrás las últimas hayas del bosque que ahora ceden terreno a escuálidos pinos de formas sinuosas.
Las ocho, la luz de la mañana ha comenzado a filtrarse entre el velo gris pálido que nos envuelve y vagamente distinguimos los afilados colmillos de roca que se dibujan a nuestro alrededor. Sabemos que no estamos solos, los oímos. Con un seco silbido advierten de nuestra presencia y los guijarros que se precipitan ladera abajo son únicos testigos de su precipitada huida. No somos bienvenidos y parecen querer decírnoslo.


Ocurre en primavera y a finales de otoño, guardas de caza acompañados de biólogos, ascienden a altas cotas en busca de este peculiar cáprido: el sarrio (Rupicapra pyrenaica), pieza cinegética cuyo trofeo llega a costar los 6000 €, ha experimentado en los últimos años un importante descenso poblacional debido a la queratoconjuntivitis, enfermedad transmitida por insectos que anula el órgano de la visión condenando al individuo a la muerte por deshidratación, inanición o por despeñamiento en el mayor número de casos. 
Si bien no es una especie amenazada y actualmente se encuentra en expansión, dos veces al año se detalla el número de cabritos, segallos, hembras y machos adultos con el fin de controlar las poblaciones y conceder los permisos de caza ''oportunos''.
Macho adulto de sarrio (Rupicapra pyrenaica)

5 comentarios:

bunda dijo...

Excelente fotografia...maravillosa experiencia...gracias por compartirla.besos.

Anónimo dijo...

Existe alguna característica clave para distinguir una hembra de un macho de rebeco?
Gracias por la información.
Un saludo!

BRAIS PALMÁS dijo...

Los cuernos resultan ser lo más determinante en cualquier época del año para sexar a un ejemplar. Los del macho son más robustos en la base, además de curvarse bastante más que los de la hembra en las puntas.
Si la observación la realizas en invierno puedes fijarte en dos cosas: el pincel que nos indica la presencia de genitales exteriores y el color, mucho más oscuro en el macho.

Un saludo

Anónimo dijo...

Gracias de nuevo por resolver mi duda.

Anónimo dijo...

Una de mis fotos favoritas hasta el momento.