Día 325 - Parque nacional de Kellerwald Edersee, ataraxia bajo peligro de extinción

Con el sol en lo alto y sus rayos atrapados por la bóveda natural que los árboles forman, comencé a adentrarme en los senderos que me llevarían a atravesar, durante los siguientes días, este verde bastión ubicado en la orilla sur del río Eder. 
Conforme avanzas se disipan los ruidos de la carretera y se revelan otros muchos. Ganan intensidad las ramas susurrantes, las hojas secas del suelo agitadas por el viento y el murmullo de finos hilos de agua bajo las rocas. Cada claro en el bosque invita a parar y a tumbarte tranquilo sobre la hierba.
Parque nacional de Kellerwald Edersee 

Con la llegada de la noche las ranas se apoderan del eco, y sus sinfonías se entremezclan con los rumores llegados de la negrura. No puedes más que sentirte excitado al encontrarte envuelto entre todo eso; una naturaleza activa, salvaje, que no hace distinciones de ninguna clase. Un complejo, y a la vez simple, engranaje de vida y muerte en perfecto equilibrio. 

El cielo brillaba añil la mañana del último día, una brisa sacudía el polen a las coníferas y los pájaros alborozados volaban de rama en rama exhalando sus reclamos nupciales; una ardilla masticaba piñas y en limosas lagunas los tritones, despreocupados, subían a la superficie buscando los primeros rayos del sol. 

Unas horas más tarde me topaba con la señal de un búho amarillo indicándome que salía de los límites de la reserva. Encontré las primeras casas muy pegadas al borde del parque, a continuación campings y bungaloes, ruidosas motos y coches avanzando perseguidos por una columna de humo. 
Violentado y sintiéndome fuera de lugar, me senté a la orilla del río a dibujar sobre el mapa la ruta que había seguido estos últimos días. Al observar el plano del parque con sus límites bien marcados por carreteras e infraestructuras turísticas, lo hallé como una indefensa isla frente a un embravecido mar de desarrollo humano. 


Y allí me quedé, mientras un profundo rechazo ganaba terreno en mí.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

qué árboles son los de la foto? muy buen texto, gana fuerza al ser escueto.
Ánimos!!

BRAIS PALMÁS dijo...

Muchas gracias, los árboles son hayas!

Bunda dijo...

Animo Brais,eres un ser humano sin fronteras...Bicos.

Almudena dijo...

Efectivamente son hayas.... tuve la suerte de trabajar en 2009 en el Parque Nacional Kellerwald-Edersee, y al ver el post me he emocionado. Son increíbles los extensisimos bosques de hayedos y la paz y tranquilidad q emanan. Un saludo, me parece genial lo de la bici y los 24 países, algún día haré algo parecido