“Es el propio camino el que marca la meta y no la meta la que marca el camino”

Esta ha sido una de las reflexiones más claras que han quedado al descubierto después de que el pasado mes de agosto Brais Palmás decidiera abandonar definitivamente el Proyecto Samana. 

El detonante de esta decisión es muy probable que todos lo conozcáis, a pocos kilómetros de la frontera polaca el cuadro de su bicicleta quebró y fue cuándo Brais se dio cuenta de todo el peso que llevaba encima. 

El accidente sufrido meses antes en Francia ya le había supuesto un duro golpe moral y económico pero con empeño y con el apoyo de patrocinadores, familia y amigos, Samana volvió a rodar por las carreteras y caminos alemanes. Ahora, un segundo imprevisto que le ha obligado a parar de nuevo le hace cuestionarse el propósito del viaje y de lo que con él se pretendía. 

Vietnam nunca fue el objetivo mismo de este proyecto autodidacta, simplemente representaba una necesaria barrera física que diera sentido al recorrido mental y vital que Brais pretendía adquirir a través de esta expedición con su cámara como testigo. Las motivaciones que le hacían pedalear fueron su carburante durante un intenso año pero con el paso del tiempo han perdido capacidad energética. Los más de 6.000 Km. recorridos no solo han modificado el cuadro de su bicicleta sino también la mentalidad del propio Brais. Los conocimientos adquiridos y su capacidad emprendedora, de denuncia y actuación han crecido más rápido que el proyecto y por ello tal vez sea necesario poner el cuentakilómetros a 0 y comenzar a pisar el terreno con sus propios pies. 
Wandlitz see, última foto en ruta
Atrás quedan 4 países explorados en todo su verdor, decenas de especies inmortalizadas, participación en proyectos de conservación, protección y reintroducción, el apoyo al proyecto de organizaciones como WWF y BirdLife, noches al raso, amaneceres y atardeceres en soledad, caminos con sorpresas, grandes amistades, pero sobre todo la sensación de que todavía queda mucho por hacer en materia de concienciación ambiental lejos y cerca de casa. 

Esta ruptura, sea tal vez, una metáfora de lo que tiempo atrás Brais venía experimentando. Una llamada de atención y de reclamo para que gente tan concienciada como él siembren sus ideas e iniciativas en nuestro terreno. Aún así, la esencia de Samana seguirá estando presente en los nuevos caminos que Brais decida recorrer.


Texto y foto por María Manrique
Día 412 - Tú puedes cambiar el mundo en cada mordisco

Si te preguntase qué crees que tiene mayor impacto ambiental en el planeta probablemente me responderías que la energía nuclear, los residuos, el petróleo o cualquier otra actividad industrial. Sin embargo, hay una acción muy frecuente en todos nosotros, tanto que la repetimos tres veces al día y que se presenta como la más perniciosa para nuestro entorno… ¿adivinas cuál? La alimentación.

La alimentación es algo esencial para cualquier animal, gracias a la alimentación nos proveemos de los nutrientes necesarios para el correcto funcionamiento de nuestro organismo y en esto cada uno se las va arreglando como puede; unos se adaptaron a una dieta herbívora, otros a una carnívora y algunos a una omnívora. Sin embargo, la especie humana se diferencia de entre todas por ser la única capaz de cultivar su propio alimento.



La agricultura apareció hace tan solo 10 milenios y a partir de ese momento se desarrolló paulatinamente hasta alcanzar la llamada revolución verde. Entre las décadas de los años 40 y 70 algunas variedades mejoradas de maíz, trigos y otros granos fueron cultivados en monocultivos bien aderezados de fertilizantes, plaguicidas e ingentes cantidades de agua. Con estas nuevas variedades y procedimientos, la producción se multiplicó exponencialmente y la revolución verde fue presentada entonces como la respuesta definitiva al hambre.
Sin embargo, ya han pasado algunas cosechas y bien podemos observar cómo el hambre más que disminuir, continua en aumento. La incógnita se presenta clara: si los cultivos han ganado en productividad, si la maquinaría proporciona eficiencia y los fitosanitarios ofrecen nulos índices de pérdidas ¿por qué no hay comida suficiente para todos?
Una de las respuestas, humeante sobre nuestros platos o congelada en nuestros frigoríficos, es la carne y sus derivados.
Y es que hoy, más del 40% de los cereales del mundo y más de la tercera parte de las capturas pesqueras se destinan a la alimentación del ganado de occidente. Estas cifras son tan altas que las Naciones Unidas afirman que tan solo un 15% del grano destinado a la cabaña ganadera, bastaría para erradicar la malnutrición a escala mundial. Sin olvidarnos de que el 70% del agua potable consumida también va a parar al estomago de estos animales.

Cuando consumes carne, huevos o lácteos estás siendo responsable directo de la deforestación de la selva amazónica. Las selvas no se talan por intereses madereros como todos creen, eso es secundario. La razón principal es la expansión de cultivos de maíz y soja transgénicos, ingredientes base de las dietas suministradas en todas las granjas de occidente.



Cuando consumes carne, huevos o lácteos estás siendo responsable directo del maltrato y la explotación animal. He visto granjas de vacas lecheras donde se las mantiene permanentemente embarazadas para que su producción no decaiga.



Cuando consumes carne, huevos o lácteos estás siendo responsable directo de la contaminación de los ríos y capas freáticas. Mientras que una cantidad razonable de excremento es un gran fertilizante para los campos, las cantidades que son vertidas sin control diariamente a la tierra se convierten en bombas químicas que acidifican el suelo.


Cuando consumes carne, huevos o lácteos estás siendo responsable directo de tu propia intoxicación. A través del consumo de carne, el ser humano ingiere residuos de esteroides y fármacos que se le han suministrado al animal en vida y que pasan inmediatamente al torrente sanguíneo y a su carne.



Se estima que el 60% del cambio climático proviene de la agricultura, pero recuerda que casi la mitad de la producción de grano va a parar a la industria cárnica… en tu mano está la decisión pero en tu tenedor la responsabilidad.
La producción ecológica, aunque más cara, nos ofrece un producto elaborado bajo un estricto control ambiental y moral. ¿No estarías dispuesto a pagar un poco más por tu salud y en definitiva la del planeta?